Lunes , 20 noviembre 2017
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La experiencia nórdica. El resumen.

La experiencia nórdica. El resumen.

Hoy es día de San Juan y ya hace casi 20 días que volví a Canarias. Con tanto jaleo a mi vuelta me había sido imposible escribir.

El día 6 de junio dejé Reykjavik a las 6 de la mañana, me acompañó a la estación de guaguas Ellen, la mejor amiga que me llevo de mi experiencia SVE. Y en ese momento supe qué había sido lo mejor de haber estado en Islandia dos meses.

Para mí, sin dudarlo, lo mejor que me deja mi voluntariado es toda la gente buena que he conocido en el camino, todas aquellas personas de las que me dio pena despedirme, y todos los recuerdos buenos que tengo de cada uno de ellos que me hacen sonreir.

He vivido en una casa donde vivíamos 12 personas, aunque convivíamos diariamente alrededor de 20 personas. He tenido oportunidad de conocer en profundidad sólo a unos pocos, pero son personas de gran corazón. En este aspecto puedo decir que para la mayoría, dos meses no son tiempo suficiente para acercarte a todas las personas que querrías, y menos aún dentro de una asociación tan grande como es la que me acogió a mi, WF.

A pesar de todos los obstáculos vividos en el tiempo que pasé en Islandia, a pesar del miedo por haber sido la primera vez que salía del país, a pesar de no estar del todo contenta con mi trabajo como voluntaria, estoy feliz de haber ido a ese país tan bonito. El balance siempre es positivo, porque de una experiencia así aprendes tantas cosas y disfrutas otras tantas, que nada de lo malo podrá nunca hacerle sombra.

Ahora conozco buena parte de la cultura y sociedad de un país tan opuesto al nuestro que nada puede dejarme indiferente. Me siento feliz al aprender sobre ellos y sorprenderme a diario con cosas que para ellos son absolutamente normales. Aprendí a dormir siendo de día pasada la medianoche y a integrar la cultura de las piscinas en mi vida. Aprendí a soportar e incluso disfrutar el frío que tanto temía antes de ir, y aprendí a estar tranquila sabiendo que la puerta de la casa siempre iba a estar abierta y que nada malo pasaría.

Fui inmensamente feliz al descubrir por sorpresa, sin esperarlo, el poder de la naturaleza y la belleza de las auroras boreales. Y más feliz si cabe al bañarme en aguas termales naturales dentro de una cueva en la que entraba la nieve a la vez.

Me superé a mi misma en cada obstáculo, como el “handicap” del idioma. Me sentí insegura mil veces al tener que hablar en inglés, pero seguí adelante, porque la vida es movimiento y no podía quedarme callada. Me queda pena de no haber aprendido prácticamente nada de islandés… pero llegará el día, estoy segura.

Y descubrí en mí misma arrojo y una cierta valentía, al echar currículums y hacer llamadas y concertar entrevistas con empresas, para al menos haber tocado algunas puertas por si hubiera oportunidad de trabajar allí, en ese país frío y lejano que es Islandia, y donde valoran las artes por encima de la construcción o el turismo. Y donde uno se siente a gusto.

Nunca antes había salido de España y todo lo que tenía antes de ser voluntaria eran miedos. Ahora soy otra persona, porque he dado pasos adelante. Y me he demostrado a mí misma de qué soy capaz.

¿A qué estás esperando?

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Acerca de Marta

Definirme es complicado, al menos para mí. Soy una pequeña palmera con muchas, muchas ganas de aprender. De vivir todo lo nuevo que se me ponga por delante, y de disfrutar mucho de la experiencia SVE en Islandia. Vamos!

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