Martes , 18 diciembre 2018
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La Torre de Babél

La Torre de Babél

Cuentan que hace algunos años, estaban los hombres aburridos y ociosos por la Tierra y decidieron construir una torre muy, muy alta. Se pusieron manos a la obra, y al cabo de un tiempo consiguieron atravesar las nubes y llegar al cielo a la hora de comer, justo cuando Dios se estaba echando una siesta. Como es normal, Dios se despertó cabreado, le dio una patada a la torre de los hombres, y mientras éstos caían y se dispersaban por todo el mundo, los condenó a hablar lenguas diferentes para que no pudieran comunicarse entre sí y no volvieran a joder construyendo mas torrecitas. Es por eso que hoy en día la gente de un país no se entiende con la de otro país, a no ser que sean muy listos y les de por estudiar idiomas…

Yo vine a Madeira pensando que el portugués iba a ser pan comido, porque desde la más absoluta y confiada ignorancia, siempre creí que esta lengua era igual que el español. Tras un mes y medio, aún tengo que pedir a la gente que me hable despacito y, si puede ser, con señas. Como voy a clases de idiomas dos veces por semana, e intento hablar en portugués siempre que tengo oportunidad, por el momento me defiendo lo bastante para sobrevivir. Otras veces, sin embargo, me encuentro con personas que, por ser extranjero, no me toman en serio o incluso me vacilan. Por ejemplo:

-Situación nº 1: Nuestro vecino tiene dos perros que pasan su vida atados a una cuerda en el patio de su casa, y como están tristes y frustrados, ladran. Ladran de día, ladran de noche, ladran de madrugada, incluso se ladran entre ellos. Me gustan mucho los perros, y detesto esta situación, así que una tarde me planto en casa del vecino con la mejor intención, me presento, le digo que soy su vecino, que soy estudiante y tal y cual, y me ofrezco para sacar a pasear a los chuchos gratis un día a la semana, en el mejor portugués que sé. Pues el tipo ofendido, se sintió incriminado y me dijo muchas veces “¡¡no, no, no, no, no!!”, en plan “quien demonios eres tu y por qué metes las narices donde no te llaman”. Yo insistí un poco, pero no hubo manera. Estoy seguro que si hubiese dominado el portugués, al menos no hubiera salido de allí quedando como un tonto, y podría haberle hecho razonar al individuo que aquellos animales merecían algo mejor.

-Situación nº 2: El viernes pasado hizo un día de sol espectacular, y fui a la playa a darme un bañito. A la salida me siento en la terraza de un chiringuito a tomar algo, y como los de la mesa de al lado se estaban comiendo unas gambas, digo: pues ale, yo quiero unas gambas también. Así que me acerco al camarero, le pregunto el precio de las gambas, y me dice claramente: -“Tres”. Yo, asombrado, le pregunto -“¿Tres?”, y me contesta que sí. Me como las gambas pensando, “que guay es la vida, me encanta el sol, me encanta la playa, y me encanta este pedazo de plato de gambas por sólo 3 euros. Total, que termino, voy a pagar, y me dice: “Son diez euros”. Mira que me lo olí desde un principio, pero estoy seguro que el tipo me dijo “tres”, que en portugués suena casi igual que “diez”. Pero claro, me vieron la cara de guiri y me la clavaron bien.

En estas ocasiones, inevitablemente sientes que estás en inferioridad de condiciones, y desearías hablar perfecto para que no te tomen el pelo. Lo bueno de esto es que ahora tengo más ganas de aprender portugués y voy más motivado a clases. Además, siempre pregunto dos veces el precio antes de comprar algo, no me vaya a pasar como a dos turistas alemanes a quienes un taxista cobró más de 400 euros por ir a visitar un pueblito de aquí al lado.

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Acerca de marcel

Soy un isleño de 27 años, natural de la isla de La Gomera. Tengo una licenciatura en geografía por la Universidad de La Laguna, y máster en Teledetección y Sistemas de Información Geográfica por la Universitat Auónoma de Barcelona. Mis intereses son el surf y la naturaleza, y me encanta la buena comida y el cine.

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