Lunes , 18 diciembre 2017
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De la escuela al trabajo

De la escuela al trabajo

En el proceso educativo formal, un estudiante encauza su formación desde lo genérico y común, durante la niñez, hasta lo especifico y concreto que puede llegar a ser un máster o un doctorado, ya en la edad adulta. Este camino se diseña dando pasos a dos bandas, por una parte están las inquietudes personales, gustos y preferencias de un individuo concreto, y por otra el enfoque en busca del trabajo soñado. Podríamos decir que en la coordinación de objetivos, para llegar a tener un buen trabajo haciendo algo que te gusta, se encuentra la clave del éxito.  Tarde o temprano la formación a tiempo completo llega a su fin, y con ello el momento de saltar al mercado laboral, pero previamente se puede dar una coexistencia de ambas ocupaciones. Estudiantes que poco a poco se introducen en la vida laboral, ya sea mediante prácticas, trabajos de verano o voluntariados. jovenes trabajando

Las características propias del sistema educativo español y el islandés hacen que el fenómeno de estudiantes/trabajadores se comporte de forma dispar en estos dos países.

Un joven español podría pasar a formar parte de la población activa desde los 16 años, cuando se supone que un estudiante debería terminar su educación secundaria. De ahí en adelante la necesidad de trabajar durante la formación dependerá del camino educativo elegido o la inquietud por obtener mayor autonomía respecto al núcleo familiar. Por lo general un estudiante de bachillerato o FP no se verá obligado a trabajar para costear su formación. En cambio los estudios universitarios implican una matriculo bastante costosa, y probablemente, un desplazamiento con los costes de manutención y alojamiento que ello implica. Por ello es común encontrar universitarios que compaginan sus estudios con trabajos a media jornada o trabajos de verano. Dependiendo del grado de especialización, sobre los 23-25 años, la formación universitaria suele estar completada, y llega el momento de dar el paso definitivo al mercado laboral.

Ante este estándar  español,  encontramos grandes diferencias en el  caso islandés. La educación secundaria se supone completada a la edad de 20 años, para cuando el estudiante es más maduro y puede decidir con más claridad el siguiente paso.  El contacto con el mundo laboral es precoz y más constante que en el caso español. Desde los 13 un joven islandés empieza a trabajar, normalmente durante el verano, en puestos de trabajo simples, de poca responsabilidad y poco sacrificados. El fin es mostrarles cómo funciona una oficina, un taller o cualquier otro centro de trabajo, y al mismo tiempo incentivarles y generar inquietudes en ellos. Estos puestos de trabajo los promueve mayormente la administración local (normalmente  el ayuntamiento de Reikiavik) se desarrollan durante el verano y no duran más de tres semanas o un mes. Sin embargo, la edad legal para incorporarse al trabajo de forma exclusiva es 16 años, como en el caso español.estudiantes

Los estudiantes islandeses se mantienen en contacto con el mundo laboral, pero motivados por otras razones.

La principal universidad del país (Universidad de Islandia) se encuentra en Reikiavik. A su vez las dos terceras partes de la población se encuentra en la capital o en la zona metropolitana, por lo que el independizarse del hogar familiar puede estar provocada por otros motivos, pero no especialmente por el desplazamiento  a la hora de realizar estudios universitarios. Una matrícula universitaria para un curso completo ronda las 60.000Kr (sobre 370€) un gasto que no es especialmente relevante para una economía familiar islandesa.

Entonces ¿Qué motiva a los estudiantes a dedicar tiempo a trabajar?  Es bastante común viajar en busca de experiencias antes de empezar los estudios universitarios, llegando incluso a tomar un año de retiro. En busca de este fin,  los estudiantes ganan dinero mediante algún trabajo ocasional para poder financiar la experiencia.  En el caso islandés, un estudiante suele empezar su andadura en la universidad, a una mayor edad, con experiencia laboral e incluso con diferentes experiencias vitales.

Al igual que en otros países nórdicos, los impedimentos a la hora de acceder a estudios superiores se ven subsanados mediante becas e incentivos. Últimamente parece estar de moda los métodos y políticas innovadoras en materia educativa que se están llevando a cabo en países de este entorno, como por ejemplo Finlandia. Con una alfabetización de casi el 100%  y  un amplio porcentaje de titulados universitarios, el modelo educativo islandés deja a las claras su efectividad, siendo reconocido como uno de los mejores del mundo. Tal vez calcar un modelo como este no sea una solución automática, pero sin duda los países Nórdicos no parecen un mal espejo donde mirarse en busca de soluciones para el más que reconocido ineficiente sistema educativo español.

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